La experta en comportamiento canino y fundadora de “Equilibrandog”, revela cómo la frustración con su propio perro la llevó a especializarse. Actualmente, ofrece talleres gratuitos en colaboración con la Municipalidad de Las Condes.
Por Belén Campos
Adriana González Pérez, es una destacada entrenadora canina y etóloga certificada, con una sólida trayectoria en bienestar y comportamiento canino. Como fundadora de “Equilibrandog”, su trabajo se centra en la modificación de la conducta y la educación respetuosa y efectiva para dueños y mascotas.
Su amplia experiencia la ha llevado a compartir su conocimiento con la comunidad, y actualmente, se encuentra impartiendo valiosos talleres gratuitos de adiestramiento canino al rededor de distintas plazas en colaboración con la Municipalidad de Las Condes. En esta entrevista, la experta nos cuenta cómo la frustración personal con su primer perro la impulsó a transformar su carrera y a dedicarse por completo a esta misión.
– ¿Cómo comenzaste en el mundo del adiestramiento canino y qué fue lo que te motivó a dedicar tu vida a esto?
Empecé en este mundo por mis perros. Actualmente tengo dos, pero fue mi primer perro, Rocco, el que tengo ahora, el que me impulsó. Había pasado por muchas cosas con él. Rocco tenía una reactividad muy fuerte y todo el paseo era tirando mucho de la correa. Lo más frustrante es que ya había pasado por cuatro profesionales caninos y nadie me daba una solución real, o al menos, nadie me explicaba realmente qué estaba pasando.
Yo no entendía nada, y los problemas de comportamiento canino, lejos de mejorar, seguían igual. Así que decidí empezar a estudiar yo misma para tratar de ayudarlo con su adiestramiento canino. El ir tomando un curso aquí, otro curso allá, e ir entendiendo la lógica y la psicología detrás del comportamiento canino, me fue motivando un montón, hasta que tomé la decisión de hacer el curso profesional. Desde ahí, no paré; seguí especializándome y decidí dedicarme al 100% a esto.
– ¿Hubo algún perro o experiencia en particular que marcó un antes y un después en tu carrera?
Sí, hubo un perro que me enseñó que definitivamente no existen protocolos estándares para todos los perros. Cada uno es único y hay que entender primero lo que es un perro a modo en su esencia, para poder entender qué necesita y cómo abordar cada caso.
Este perro fue un caso muy complejo, que llegó a agredir a toda la familia. Lo habían rescatado y metido en casa, y un día agredió a uno, otro día agredió al otro, y me llamaron a mí. No se le podía ni siquiera poner un collar. Ha sido un proceso largo, pero ha sido un proceso muy bonito el poder entender que primero el perro tenía que confiar. El perro aparentemente no tenía costumbre de relacionarse con humanos, o su relacionamiento anterior debe haber sido muy catastrófico y sufrido, porque tenía mucho miedo a todo y su forma de parar este tipo de situaciones era agrediendo.
De hecho, ha sido el único cliente que me ha mordido, y fue por culpa mía porque apuré en algún momento del proceso. Me di cuenta en el momento que me iba a morder, de hecho le pedí a la tutora que se fuera para adentro porque dije: “Me va a morder, tengo que hacer esto.” Le estaba tratando de poner un arnés y se lo tenía que sacar, así que me iba a morder y efectivamente me mordió. Ha sido un perro que me ha enseñado muchísimo, muchísimo a observar más, a entender más, a aprender más, a comprender que los tiempos del perro son muy importantes y a ir trabajando con él desde la confianza, desde el vínculo, desde entenderlo en sus necesidades y poder ir ayudándolo.
– ¿Qué formación profesional has tenido en educación canina y cómo has complementado ese aprendizaje con la práctica?
En cuanto a mis formaciones profesionales, han sido muchas, tengo más de 6 años estudiando sin parar, siempre estoy estudiando algo. Hubo momentos que llevaba dos especializaciones al mismo tiempo. Pero a modo resumen, el primer título grande, digamos, fue el de adiestrador profesional y técnico del comportamiento en Educant España. También tengo otros títulos fuertes en cuanto a conocimiento, como dos especializaciones en agresión, tengo especializaciones en reactividad, un diplomado en antrología (vínculo humano/perro), y muchos cursos de diversas índoles. Mayoritariamente han sido cursos de España, otros de grandes referentes en Estados Unidos, y algunos de Argentina también.
En cuanto a cómo complementé ese aprendizaje con la práctica, yo busqué profesionales que me pudieran enseñar. Entonces, contactaba a estos profesionales con experiencia y les ofrecía un pago para que me dejaran ver sus casos, para ver de qué forma los abordaban y cómo aplicaban el adiestramiento canino en la realidad. También pagué mentorías a profesionales específicos en España y otros en Argentina para guiar mis primeros casos. Ellos me iban diciendo qué hacer y yo les pagaba por esa guía.
– A lo largo de tu trayectoria, ¿qué ha sido lo más desafiante y lo más gratificante de trabajar con perros y tutores?
Uy, lo más desafiante creo que es romper paradigmas. Tenemos muchos paradigmas de lo que son los perros, lo que necesitan y cómo se tienen que educar que están errados. Entonces, el cliente llega con una idea y hay que enseñarle y educarle que no es de esa la forma en que se hacen las cosas, y explicarles el por qué. Eso ha sido uno de los grandes desafíos.
Otro gran desafío ha sido poder empatizar y no culpar, sino más bien guiar a aquellas familias que vienen con problemas muy severos y que están ya completamente colapsadas, que están emocionalmente desbordadas por los problemas que tienen los perros. Entonces, trabajar esa parte y evitar que se frustren al no ver cambios inmediatos, eso también ha sido un gran desafío.
En cuanto a lo gratificante, ¡uf!, son miles de cosas y en todos los casos. Es muy gratificante ir viendo cómo el perro va adquiriendo mejores herramientas, cómo se va sintiendo mejor, cómo sus niveles de ansiedad, estrés, miedo, etcétera, bajan, y puede tener mucho mayor bienestar. Y, por ende, lo mismo de gratificante es para las familias poder pasar por estos procesos de forma exitosa.
– ¿Cuál es tu filosofía o enfoque principal al momento de entrenar: qué valores o principios nunca negocias?
Yo creo que mi filosofía se puede resumir en trabajar todo entendiendo el perro como especie y su comunicación. Es esencial entender qué es un perro realmente, qué necesita y cómo le afecta la vida con los humanos, ya que es antinatural para ellos. A partir de ese entendimiento, vamos ajustando y adaptando la vida diaria de ese perro y de esa familia para poder cubrir sus necesidades en la mayor parte posible. Este entendimiento del perro, y un gran énfasis en la comunicación, es la clave para que todas las cosas fluyan mucho mejor en el proceso de adiestramiento canino.
Lo que nunca negocio es aplicar castigos ni correctivos, ni nada que atente contra el bienestar del perro. Por ejemplo, jamás usaré un collar de ahorque, de pinchos o un collar eléctrico. Esto se debe a que lo más importante en cualquier problema de comportamiento canino es entender la causa por la cual el perro está actuando de cierta forma, ya que las conductas son solo síntomas. Si aplicamos correctivos a una conducta, la causa subyacente sigue ahí; el perro solo inhibe el comportamiento por miedo al castigo, lo cual merma su bienestar y no soluciona el problema de raíz de la mejor forma.
Adriana nos deja una lección fundamental, el adiestramiento canino va mucho más allá de corregir conductas y se trata de establecer un vínculo basado en la confianza y el entendimiento profundo del comportamiento canino. Su enfoque ético y libre de castigos, busca el bienestar animal y la armonía familiar.
Esta valiosa experiencia está ahora al alcance de la comunidad gracias a los talleres gratuitos de adiestramiento canino que imparte en colaboración con la Municipalidad de Las Condes, una oportunidad imperdible para todos aquellos tutores que busquen transformar su relación con sus mascotas de manera positiva y respetuosa.
