18 Jul 2026, Sáb

Daniela Henríquez: “El hate funciona como una forma de violencia emocional”

Daniela Henriquez, estratega en comunicación y marketing digital.

La relacionadora pública y especialista en comunicación estratégica y marketing digital analiza cómo el anonimato, la exposición y la falta de contención han convertido al odio en redes en un fenómeno cultural normalizado. Desde su experiencia en televisión y salud mental, explica por qué el hate no solo daña, sino que también sostiene parte del espectáculo.

 

Daniela Henríquez, especialista en comunicación estratégica y marketing digital, durante entrevista sobre el impacto del hate en redes sociales.

Habla con voz pausada y clara, de esas que suenan acostumbradas a explicar sin complicar. Daniela Henríquez se presenta con una mezcla de profesionalismo y cercanía: “Soy relacionadora pública, tengo un posgrado en estudios internacionales y me especialicé en todo lo que tiene que ver con el mundo digital, género e infancia. Fui directora de un centro de salud mental y también trabajé en producción de televisión. Por ahí va un poco mi background”, comenta antes de entrar al tema.

Sobre el hate que enfrentan los ex participantes de realities, lo tiene claro: “Se da una tormenta perfecta”, afirma. Así define lo que observa a diario desde la comunicación estratégica. “Los realities funcionan como un espejo social. Son laboratorios de interacción donde el público proyecta sus juicios morales y emociones colectivas. Se mezclan el anonimato, el consumo del espectáculo y la polarización. Finalmente, las dinámicas dentro y fuera del programa son solo el reflejo de nuestra sociedad en su máxima expresión”.

El anonimato y la violencia simbólica

Henríquez habla sin rodeos: “El hate funciona como una forma de violencia emocional, con insultos, burlas y descalificaciones en las que no hay consecuencias”. Explica que muchas de las personas que odian lo hacen buscando validación o atención de otros. “Y hoy ese comportamiento está normalizado. Escuchamos frases como: ‘es parte del juego, sabías a lo que ibas’. Ese tipo de expresiones invisibilizan el impacto real en la salud mental de los participantes”.

Desde su experiencia en televisión, sabe que el daño no termina cuando el programa acaba. “Más que reparar la reputación, lo importante es prevenir. La exposición al celular y a las redes debe ser paulatina y acompañada. No puede ser de 0 a 100”. Agrega que la ansiedad, “una de las enfermedades de esta era moderna”, surge por ese exceso de futuro. “Muchos pierden su anonimato de golpe y deben sostener una marca personal que no siempre les pertenece. El guion del programa crea un personaje, y eso puede generar confusión o crisis de identidad”.

También lo relata desde lo vivido: “Cuando fui panelista del Mucho Gusto venía del área académica, y me pasó que en la calle te empiezan a saludar personas que no conoces, con una imagen de ti que se aleja de tu esencia. Aparece un agotamiento emocional, una hipervigilancia constante, una sensación de invasión por la sobreexposición”.

Humanizar, acompañar y respirar

Para Henríquez, el acompañamiento psicológico y mediático es fundamental. “Uno no sabe todo, y normalmente las personas se aíslan. Por eso es importante derivar la gestión de redes a un tercero y reducir al mínimo la exposición directa al hate”.

Al referirse a la asesoría comunicacional, recalca su relevancia. “Tiene dos caras: la salud mental y la económica. Cuando tus seguidores se multiplican por miles, el discurso debe ser coherente con lo que mostraste y con lo que eres. Los programas crean personajes y estereotipos, así que si te tocó uno, hay que aprovecharlo y hacer la transición hacia tu verdadera esencia”.

Respecto a cómo manejar una crisis de imagen, insiste: “Desde el speech hay que humanizar, ponerle nombre a las emociones, siempre y cuando no haya vulneración. A veces funciona un comunicado de prensa para cerrar el tema. Y también sirve transparentar que lo que se vio en pantalla fue un personaje. Decir: eso fue parte del reality, y punto final”.

Henríquez advierte que uno de los errores más comunes es reaccionar impulsivamente. “Nada en caliente resulta. Cuando actúas desde la emoción en diez, no puedes contenerte. Es como los adolescentes, que aman y odian con todo. Las redes funcionan igual. Quieres responder rápido porque tu cuerpo químicamente te lo pide, pero hay que respirar, leer de nuevo, pasarle el celular a otro. Esos cinco segundos pueden evitar una crisis”.

Aun así, reconoce que el hate puede mantener la visibilidad, aunque con un alto costo. “Sí, puede ayudarte numéricamente, tener más comentarios o engagement, pero hay que sopesar los pros y los contras. ¿Qué imagen quiero proyectar? ¿Qué quiero que se asocie a mí? Las cosas que trascienden son las que dejan huella positiva”.

Desde su experiencia en agencias, observa que las marcas también son parte de la ecuación. “Mientras menos conflicto genere una persona, mejor. Las marcas buscan números, pero también valores y coherencia. Si una marca habla de viajes y la persona nunca ha salido del país, el discurso se rompe. La coherencia entre la marca personal y la marca comercial es lo que da credibilidad”.

Antes de concluir, Henríquez deja una reflexión que resume toda su mirada:
“El hate es parte del juego, pero no debería ser parte de la normalidad. Humanizar, acompañar y pensar antes de actuar puede cambiar todo el tablero.”

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *