18 Jul 2026, Sáb

“La cámara nunca se apaga”: Salud mental en los realities chilenos según Raimundo Cerda

Entre el encierro, la presión del público y la exposición familiar, los participantes cargan un peso emocional que la televisión aún no logra dimensionar por completo.

Por años, la televisión chilena ha encontrado en los realities un terreno fértil para el rating, el encierro, competencia, conflictos y emociones al borde del colapso. Pero detrás de cada escena existe un espacio invisible y muchas veces poco regulado donde se juega algo más profundo que un premio final, la salud mental de quienes participan. Esa es la reflexión que emerge de las palabras de Raimundo Cerda, ex-participante de Gran Hermano Chile 2023, Ganar o Servir 2025 y hoy competidor en Fiebre de Baile, quien reconoce que el impacto emocional va mucho más allá de la pantalla.

Mi miedo era cómo le iba a rebotar mi presencia en la televisión a mi familia”, confiesa. El temor a que insultos, juicios o campañas de odio terminaran afectando a su mamá o a su hermano fue, según cuenta, su mayor inquietud al ingresar por primera vez al encierro televisivo. Su experiencia refleja un dilema común, los realities no solo exponen a los participantes, sino también a sus círculos más íntimos, quienes se convierten en blancos indirectos del escrutinio masivo.

En su relato, Cerda distingue una diferencia que suele pasar desapercibida para el espectador: “En la tele conocen lo que soy… Yo no entro a ser un personaje”, dice. La industria, sin embargo, continúa reclutando perfiles diseñados para generar conflicto, humor o escándalo, presionando a muchos a performar versiones exageradas de sí mismos. Y mientras algunos se refugian en ese personaje, otros como él enfrentan el desafío emocional de mostrarse tal cual son, con virtudes y fragilidades expuestas ante millones.

La salud mental, afirma, es un trabajo interno que no todos llevan preparado al encierro. “Si uno se deja llevar por lo que dicen, te pueden tener un odio terrible”, comenta. Su visión coincide con lo señalado en 2023 por especialistas consultados por el Colegio de Psicólogos de Chile, quienes advirtieron que la televisión de encierro incrementa riesgos de ansiedad, pánico, aislamiento y estrés emocional sostenido. Algo similar planteó el CNTV en diversos informes de audiencia, el impacto psicológico en participantes jóvenes muchos sin preparación mediática puede profundizarse en contextos de competencia permanente y exposición 24/7.

Cerda agrega que, aunque algunos realities cuentan con apoyo profesional, “no todos muestran su vulnerabilidad”, porque saben que es un terreno donde el juicio público se vuelve más feroz. La televisión, dice él, aún no está del todo preparada para contener ni representar genuinamente esos momentos sin convertirlos en espectáculo.

Hoy, en Fiebre de Baile, enfrenta un desafío distinto, el de demostrar su talento sin que la audiencia lo reduzca a su historial realities. “Mi trabajo aquí es demostrar que se puede… que ningún comentario te pare”, afirma con determinación. Habla de objetivos claros, de no perderse en las críticas, de insistir incluso cuando el cariño del público todavía no llega. Esa búsqueda de propósito, dice, es lo que ha evitado que la presión lo devore.

Su testimonio es un recordatorio de que, aunque los realities sigan siendo uno de los formatos más rentables de la televisión chilena, su costo emocional permanece invisibilizado. Y que, mientras la audiencia consume conflictos y tensiones minuto a minuto, la salud mental de los participantes continúa siendo la deuda pendiente más grande del espectáculo.

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