La psicóloga Claudia Massignotti advierte que los realities shows funcionan como un experimento emocional en tiempo real, donde el encierro, la vigilancia y la exposición extrema alteran la identidad y la estabilidad mental de los participantes.

La salud mental en los realities shows se ha convertido en un tema urgente dentro de la televisión chilena. La psicóloga Claudia Massignotti advierte que el encierro y la exposición extrema afectan profundamente la estabilidad emocional de los participantes.
Los realities shows buscan entretener, sin embargo detrás del espectáculo se esconde una dinámica psicológica intensa. Para la psicóloga Claudia Massignotti, estos programas son “un experimento social y emocional en vivo”. Explica que el encierro, la convivencia forzada y la imposibilidad de escapar generan un tipo de estrés sostenido difícil de dimensionar.
“Lo primero que se desregula es el sistema emocional, porque el cuerpo entra en alerta constante. Eso produce irritabilidad, ansiedad y fatiga mental”, sostiene. La falta de privacidad amplifica cada mínima tensión: “Lo que afuera sería una molestia menor, adentro puede volverse un conflicto explosivo”.
- Estrés emocional sostenido: +70%
- Aumento de irritabilidad: +62%
- Conflictos intensificados: 3 veces más frecuentes
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La exposición continua crea un comportamiento particular. “Las cámaras generan una identidad televisiva”, comenta Massignotti. “Los participantes empiezan a actuar para una mirada externa, y con el tiempo surge una distancia dolorosa entre el yo real y el yo que se muestra”.
Por lo tanto, esa disonancia se vuelve una carga pesada. “Muchos sienten que deben sostener un personaje que ya no manejan”, afirma. La presión por agradar, destacar o evitar críticas transforma la convivencia en una competencia emocional permanente.
Asimismo el impacto no termina con el programa. Para la psicóloga, la salida puede ser incluso más compleja. “Al regresar a la vida cotidiana aparece un vacío enorme”, explica. Tras semanas viviendo bajo hiperestimulación, la normalidad se siente extraña y desorientadora.
A esto se suma el juicio público. “Es como seguir bajo la lupa, aunque ya no haya cámaras”, advierte. Sin contención emocional, la transición puede derivar en ansiedad, evitación social o depresión. La fama instantánea, dice, “no siempre alcanza para amortiguar el golpe psicológico”.

Poe otra parte Massignotti, comenta que los realities shows no solo revelan conflictos, sino algo más profundo: “El encierro muestra los límites de la tolerancia, de la identidad y de la adaptación humana. Es enfrentarse a uno mismo sin escapatoria y bajo millones de miradas”.
- Fuente viva: Psicóloga clínica Claudia Massignotti.
- Fuente documental: American Psychological Association (APA), estudios sobre efectos del aislamiento y la vigilancia.

