La Roja quedó fuera de la Copa Mundial de Fútbol por tercera vez consecutiva y dos referentes históricos coinciden en un diagnóstico profundo: el problema no es solo futbolístico, sino estructural.
Por Josefa Plaza Velásquez
La nueva eliminación de la Selección Chilena en las Clasificatorias rumbo al Mundial 2026 volvió a instalar un debate que hace años persigue al fútbol nacional: la crisis estructural de La Roja y la incapacidad de sostener un proyecto competitivo después de la Generación Dorada.
Tras conquistar las Copas América de 2015 y 2016, Chile parecía haber consolidado una identidad futbolística fuerte a nivel continental. Sin embargo, con tres ausencias consecutivas en Copas del Mundo, la discusión hoy se centra en el fondo del problema: la falta de recambio generacional, la baja inversión en cadetes y la ausencia de un proyecto deportivo sólido.
Para entender este presente, dos voces históricas del fútbol nacional analizaron el escenario: Carlos Caszely y Claudio Borghi. Ambos coincidieron en que la crisis actual responde a errores acumulados durante años.
El recambio que nunca se consolidó
Uno de los puntos más críticos que ambos conocedores remarcan es la falta de renovación tras el desgaste de la generación más exitosa en la historia del fútbol en Chile.
Caszely apuntó directamente a la ausencia de planificación posterior al ciclo cerrado: “Todos pensaban que esta generación no iba a terminar nunca. No hubo recambio”.
Para el histórico ex delantero, el alto número de extranjeros en el Campeonato Nacional ha limitado la proyección de nuevos jugadores chilenos: “Es imposible armar una selección si tienes tantos jugadores extranjeros”.
Desde una mirada similar, Borghi aseguró que Chile no aprovechó su mejor momento para fortalecer el futuro: “Lo que hace grande a una selección es cuando todo te funciona bien, invertir para que esto siga funcionando bien. Chile no lo hizo”.
Formación e inversión: la deuda histórica
La formación de jugadores apareció como uno de los ejes centrales de ambas entrevistas.
Caszely cuestionó que las sociedades anónimas no destinen suficientes recursos a las divisiones menores, mientras que Borghi fue más explícito: “La sociedad anónima no está invirtiendo en los cadetes. Lo toman más como un gasto que como una inversión”.
Además, explicó que el problema no está solo en la situación, sino también en la transición al profesionalismo: “De 32 jugadores solamente llegan dos o tres. El resto se pierde”.
La ausencia de un proyecto deportivo
Otro de los puntos de coincidencia fue la falta de continuidad en los procesos.
Borghi cuestionó la constante rotación de entrenadores y la ausencia de una línea futbolística estable: “Los cambios constantes hacen que nadie sepa para donde vamos”.
Cazsely fue incluso más duro en su diagnóstico: “En Chile nunca existieron procesos”.
Una reconstrucción a largo plazo
Pensar en una solución inmediata parece poco probable.
Borghi aseguró que incluso iniciando hoy un proceso serio, los resultados no llegarían en el corto plazo: “Si salimos de esto, va a ser en diez años mínimo”.
La coincidencia entre ambas voces apunta a un mismo diagnóstico: la crisis del fútbol chileno no responde únicamente a resultados deportivos, sino a una estructura que durante años dejó en segundo plano la información, la planificación y el desarrollo de nuevos talentos.














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