Las mayores exigencias del sistema bancario y la necesidad de contar con liquidez inmediata han impulsado a pequeñas y medianas empresas a utilizar el factoring para financiar su operación. Especialistas destacan que la herramienta permite mantener el flujo de caja, aunque advierten que debe utilizarse de manera planificada.
Las pequeñas y medianas empresas, más conocidas como pymes, enfrentan un escenario cada vez más complejo para acceder al financiamiento bancario, situación que ha llevado a un mayor uso del factoring como alternativa para obtener capital de trabajo. A través de este mecanismo, las empresas pueden anticipar el pago de sus facturas y disponer de recursos antes del vencimiento de los plazos acordados con sus clientes, permitiéndoles mantener su operación, cumplir con obligaciones financieras y con el tiempo continuar desarrollando nuevos proyectos.
Según un informe del gremio de las Empresas de Factoring (EFA), el 77,1% de las empresas que utilizan factoring en Chile son pymes. Además, durante 2024 esta industria financió operaciones por US$38.498 millones, alcanzando a más del 38% de las pymes chilenas, lo que refleja el creciente rol de este mecanismo como alternativa de financiamiento para empresas que enfrentan dificultades para acceder al crédito bancario.
El factoring consiste en que una empresa cede una factura pendiente de pago a una entidad especializada, la que adelanta gran parte de ese dinero a cambio de una comisión. En Chile, esta operación está regulada por la Ley N.º 19.983, que entrega validez jurídica a la cesión de facturas. Su utilización ha cobrado mayor relevancia en un contexto donde muchas pymes encuentran mayores dificultades para acceder a créditos tradicionales o necesitan liquidez en plazos mucho menores que los ofrecidos por la banca.
El acceso al crédito impulsa nuevas alternativas de financiamniento
Para Nicolás Seguez, subgerente comercial de Factor Finanzas, uno de los principales factores que explica el crecimiento del factoring es el endurecimiento de las condiciones para acceder al financiamiento tradicional. El ejecutivo sostiene que muchas pequeñas y medianas empresas no cumplen con los requisitos exigidos por las instituciones financieras o poseen un historial comercial insuficiente para obtener un préstamo. “Hoy en día la banca ha endurecido sus condiciones y es poco flexible con las pymes que tienen poco historial y poco recorrido en el mercado“, afirma.
La falta de liquidez representa uno de los principales desafíos para las empresas, especialmente cuando deben esperar varias semanas para recibir el pago de una venta mientras continúan enfrentando gastos como remuneraciones, proveedores, arriendos e impuestos. Ese desfase entre vender y cobrar puede limitar la capacidad de crecimiento de un negocio e incluso impedir que aproveche nuevas oportunidades comerciales. Para Fabián Zanni, ejecutivo comercial especializado en factoring, ese problema explica por qué cada vez más empresas recurren a este mecanismo financiero. “El impacto inmediato de no recibir el pago de sus ventas es que tiene problemas de caja. Si quiere hacer otro negocio y las facturas todavía no se pagan, no va a tener los flujos suficientes para adjudicarse más proyectos“, señala.
Liquidez inmediata para mantener la operación
Zanni explica que las empresas suelen recurrir al factoring cuando necesitan recursos para seguir operando o aprovechar nuevas oportunidades de negocio sin esperar el pago de sus facturas. En ese sentido, señala que el dinero anticipado puede destinarse al pago de remuneraciones, proveedores o a financiar nuevos proyectos. Además, destaca que una de las principales diferencias con un crédito bancario es la rapidez de todo el proceso, ya que la evaluación considera principalmente el comportamiento comercial de la empresa, el flujo de ventas y la capacidad de pago de sus clientes. “Es mucho más rápido que un crédito. No se pide tanta documentación y principalmente se analiza el flujo de caja, las ventas mensuales y que los clientes sean buenos pagadores”, sostiene.
Pese a sus ventajas, ambos especialistas coinciden en que el factoring debe utilizarse de una manera planificada y no como una solución permanente a los problemas financieros. Seguez afirma que esta herramienta resulta más efectiva cuando responde a necesidades específicas de liquidez y se ajusta a los plazos del cobro de las facturas.“Lo ideal es trabajar con el factoring de forma acotada, dependiendo de los plazos de la factura y de la cuenta por cobrar”, indica, agregando que una adecuada administración del flujo de caja permite aprovechar sus beneficios sin generar dependencia de este tipo de financiamiento.
Una herramienta que también puede ser un riesgo
Antes de optar por el factoring, las empresas también deben considerar el comportamiento de pago de sus clientes. Zanni advierte que, si las facturas corresponden a empresas que presentan atrasos o incumplen los plazos acordados, los costos financieros pueden aumentar debido a la mora. “Si esos clientes entran en mora, la empresa tiene que hacerse cargo de esa diferencia. Por eso lo ideal es hacer factoring con clientes conocidos y buenos pagadores”, explica. Por ello, sostiene que conocer el historial de quienes deben pagar las facturas es un elemento clave para reducir riesgos y utilizar esta herramienta de manera eficiente.
En un contexto donde el acceso al crédito continúa siendo un desafío para muchas pymes, el factoring se ha consolidado como una alternativa para fortalecer la liquidez y mantener la continuidad operacional de los negocios. Para Seguez, sus efectos también rascienden a las propias empresas, ya que disponer de recursos de forma anticipada favorece el cumplimiento de obligaciones con proveedores y mejora la competitividad. “Mejora el flujo de caja, permite un mayor crecimiento dentro de la empresa y que las empresas puedan pagar a sus proveedores, contribuyendo también al crecimiento de la economía”, concluye.














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